Bancomunidad

“Por una Vida Digna, de la Mano Caminamos”

Bancomunidad es un programa metodológico del Centro de Desarrollo Comunitario Centéotl A.C., el cual surge en el año 2000 a partir de una alianza con la Fundación Grameen, lo que permitió conocer de cerca el modelo del Banco Grameen en Bangladesh, impulsado por el Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus.

A partir de esta experiencia, en el año 2001 se diseñó una metodología propia, contextualizada y acorde a las realidades locales, con el propósito de acompañar y fortalecer a mujeres en situación de vulnerabilidad, especialmente en comunidades rurales e indígenas de los Valles Centrales de Oaxaca.

Desde entonces, y con una implementación continua a partir de 2002, Bancomunidad trabaja para generar alternativas que fortalezcan la autonomía económica y social de las mujeres.

24 AÑOS DE IMPACTO

Más de 10,000 mujeres

han sido acompañadas en la construcción de mejores

condiciones de vida para ellas y sus familias.

NUESTRA METODOLOGÍA

Trabajamos a través de grupos integrados por 40 mujeres, a los que denominamos “Colmena”, los cuales se subdividen en 8 grupos de 5 mujeres cada uno. En estos espacios se promueve la solidaridad, el apoyo mutuo y el desarrollo de capacidades individuales y colectivas. Las colmenas se convierten en espacios de confianza y crecimiento, donde las participantes impulsan sus iniciativas productivas, fortalecen su autonomía y construyen redes de colaboración comunitaria.

Un elemento fundamental de esta metodología es que las mujeres que integran una colmena provengan del mismo pueblo, colonia o barrio, y que compartan valores, costumbres y tradiciones, además de respetarse mutuamente. Esto permite que ellas mismas asuman el compromiso de respaldar, autorizar y avalar los proyectos de sus compañeras, resaltando la importancia de la amistad, la confianza y la corresponsabilidad.

HISTORIAS QUE INSPIRAN

Detrás de cada colmena hay historias de lucha, aprendizaje y esperanza. Este video muestra el testimonio de una mujer participante de Bancomunidad y cómo, a través del acompañamiento comunitario, fortalece su proyecto de vida y fortalecen su autonomía económica, construyen redes de apoyo y siembran esperanza en sus comunidades.

Nuestros 10 Principios

Este principio guía nuestra forma de organizarnos y de relacionarnos entre mujeres. La disciplina representa el compromiso con nuestro tiempo, nuestros acuerdos y nuestros procesos compartidos. Nos permite avanzar con constancia, respetando lo que cada una aporta al grupo.

La solidaridad es el corazón de nuestras colmenas. Significa acompañarnos en lo cotidiano, apoyarnos en los momentos difíciles y celebrar los logros colectivamente. Nos cuidamos entre mujeres, no desde la obligación, sino desde el reconocimiento de que juntas somos más fuertes.

El valor es la fuerza que moviliza nuestras decisiones. Implica enfrentar retos personales, familiares y comunitarios, muchas veces en contextos adversos, y aún así mantenernos firmes, creativas y con esperanza.

Y el trabajo, que dignifica y transforma, es la semilla que sembramos cada día en nuestras acciones. Es el esfuerzo individual que se convierte en avance colectivo, el hacer con sentido y propósito.

En Bancomunidad, reconocemos a la tierra como Madre: origen, sustento y cobijo. No es un recurso que se explota, sino un ser vivo con el que dialogamos y al que debemos respeto. Nuestros antepasados nos enseñaron que el buen trato a la tierra es también un acto de reciprocidad y gratitud.

Por eso, nos comprometemos a no contaminarla con químicos ni basura, entendiendo que cada acción, por pequeña que parezca, impacta directamente en la salud de nuestras familias y comunidades. Apostamos por el uso de prácticas agroecológicas, por el manejo consciente de nuestros residuos y por un vínculo más sano y profundo con el entorno.

Además, reforestamos durante el tiempo de lluvias, como acto simbólico y práctico de restauración. Plantar un árbol es sembrar vida, sombra, agua y futuro. Cuidar la tierra es cuidar nuestra propia existencia.

Este principio nos conecta con la memoria de nuestras abuelas y abuelos, pero también con la responsabilidad de quienes venimos a dejar huella sin destruir el camino.

Este principio refleja el compromiso con una agricultura sana, consciente y sustentable. En Bancomunidad, elegimos cultivar sin químicos, retomando prácticas tradicionales y naturales que respetan los ciclos de la tierra y cuidan la salud de quienes producen y consumen.

El amaranto, como planta ancestral, es nuestro cultivo guía: nos conecta con nuestra historia, con la nutrición y con la posibilidad de generar bienestar a partir de lo que sembramos.

Comer lo que producimos, es saber qué llevamos a nuestra mesa, alimentar a nuestras familias con lo que nuestras manos han hecho crecer. Y al vender el excedente, también fortalecemos nuestra autonomía y economía local, sin depender de intermediarios o mercados que no valoran nuestro esfuerzo.

Cultivar es resistir. Sembrar es proyectar futuro. Este principio impulsa tanto la vida cotidiana como la transformación comunitaria desde la raíz.

El agua es vida. En Bancomunidad reconocemos su importancia en cada aspecto de nuestra existencia: en la siembra, en la cocina, en el cuerpo y en la comunidad. Por eso la cuidamos como un bien común, no como algo que se usa sin pensar.

Evitar el desperdicio es una forma concreta de respeto. Reutilizamos, almacenamos con cuidado y hacemos conciencia de cada gota, sabiendo que no siempre está garantizada su presencia.

Hervir el agua antes de beberla es una práctica sencilla pero poderosa. Protege nuestra salud y la de nuestras familias, sobre todo en lugares donde el acceso al agua segura es limitado.

Este principio fortalece el cuidado cotidiano, la prevención y el compromiso con el bienestar colectivo.

En Bancomunidad creemos en la igualdad real entre mujeres y hombres. Apoyar a nuestras hijas con las mismas oportunidades que a nuestros hijos es un acto de justicia y amor que transforma familias y comunidades.

El estudio, el trabajo y la felicidad no deben ser privilegios de un género. Al promover este principio, sembramos en nuestras casas y en el futuro el valor del respeto y la equidad.

Dar este ejemplo es una manera concreta de romper barreras y construir sociedades más justas donde todos tengan las mismas oportunidades para crecer.

En Bancomunidad valoramos la responsabilidad y el amor que implica formar una familia. Decidir cuántos hijos e hijas tener es una decisión personal que debe garantizar bienestar, cuidado y oportunidades para cada uno.

Este principio reconoce la importancia de planificar con conciencia, asegurando que cada niña y niño crezca en un entorno donde se satisfagan sus necesidades básicas y pueda desarrollarse plenamente.

Cuidar de nuestras familias es también cuidar del futuro de nuestras comunidades.

La Guelaguetza es una tradición ancestral de Oaxaca basada en el intercambio solidario y comunitario entre pueblos y familias. Consiste en compartir bienes, trabajo y apoyo mutuo, fortaleciendo los lazos sociales y culturales que mantienen viva la identidad oaxaqueña.

En Bancomunidad, la guelaguetza representa mucho más que una tradición: es la expresión viva de la solidaridad y la colaboración entre mujeres. Nos apoyamos mutuamente en cada paso, compartiendo fuerzas, recursos y saberes.

Ninguna queda sola; cuando una necesita ayuda, todas respondemos. Esta red de apoyo fortalece nuestros lazos y nos impulsa a avanzar juntas, celebrando la riqueza de trabajar como comunidad.

La guelaguetza es símbolo de unión y compromiso que mantiene vivo el espíritu colectivo.

En Bancomunidad valoramos la integridad por encima de todo. Mantenernos fieles a nuestros principios y valores es fundamental para el bienestar colectivo.

No aceptamos compromisos que vayan en contra de nuestra ética ni sacrificamos lo que sabemos que es justo por conveniencias externas.

La conciencia clara y limpia guía cada una de nuestras acciones y decisiones.

Buscamos que la paz sea una realidad tangible en todos los espacios donde vivimos y nos relacionamos. Esa paz se construye con respeto, equidad y oportunidades para todas y todos.

Sabemos que la justicia y la dignidad son la base para una convivencia armoniosa, por eso nos esforzamos en promover valores que sostengan comunidades fuertes y cohesionadas.

Cada acción que emprendemos suma para un entorno más justo y pacífico, desde lo personal hasta lo colectivo.

Valoramos profundamente las prácticas ancestrales que nos han cuidado a lo largo del tiempo. Mantener vivas estas tradiciones es un acto de respeto hacia quienes nos precedieron y una forma de fortalecer nuestra identidad.

Estas prácticas alimentan el cuerpo, a la vez que nutren el espíritu, conectándonos con nuestra comunidad y nuestra tierra.

Reivindicarlas es un camino hacia el bienestar integral, con raíces firmes y mirada al futuro.

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