En Oaxaca, entre montañas y veredas, encontramos la localidad de El Carmen, una comunidad perteneciente al municipio de Santa Inés del Monte; un lugar lleno de historias de vida e inspiración de hombres y mujeres trabajadoras. En esta misma comunidad se ubica el Centro de Producción de Bioinsumos “Flor de Amaranto”, un grupo integrado por ocho mujeres comprometidas con el cambio desde la raíz, quienes promueven la agroecología, el cultivo y el consumo de uno de los alimentos más importantes a lo largo de la historia: el Amaranto.
En 1996, el Amaranto era un nombre desconocido; los habitantes no tenían idea del maravilloso grano que estaba por llegar. Fue gracias al Centro de Desarrollo Comunitario Centéotl A.C. que llevó esta semilla a la comunidad y enseñó a cada uno de los campesinos y campesinas cómo sembrarla, cosecharla y transformarla, pero, sobre todo, enseñó los grandes beneficios de esta planta y cómo un simple grano, tan pequeño físicamente, podía lograr enormes cambios en nuestro cuerpo. Después de 29 años, el Amaranto sigue siendo tema de interés y reunión en la comunidad.
A partir de 2010, ocho mujeres campesinas preocupadas por los cambios que han experimentado los cultivos debido al clima, se formó el grupo Flor de Amaranto, dedicado a fomentar y practicar la agroecología. Su trabajo busca transformar la forma tradicional de sembrar —que deteriora la tierra y los alimentos— hacia una agricultura sostenible, consciente y que no afecte a las futuras generaciones.
La agroecología va más allá de dejar de aplicar fertilizantes químicos a los cultivos; es una manera de cuidar y respetar nuestro entorno.
Estas mujeres son parte del cambio; mujeres que, de la mano de Centéotl A.C., han caminado y aprendido a trabajar bajo nuestros cuatro ejes estratégicos: cuidado del medio ambiente, identidad cultural, equidad de género y participación ciudadana.
Hoy no solo cultivan hortalizas y Amaranto para su propio consumo, sino que también producen excedentes de Amaranto que transforman en diversos productos como cereal (grano reventado), harinas, alegrías, calaveritas de amaranto, tortillas, tostadas y otros alimentos. Estos productos los venden tanto en su comunidad como en localidades vecinas, fomentando el comercio local y generando ingresos para el bienestar de sus familias.
Hoy, dos mujeres integrantes del grupo campesino Flor de Amaranto nos comparten su sentir. Sin duda, el Amaranto ha sido el grano de la esperanza y el motor del cambio en las comunidades rurales.


