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Proyecto escolar comunitario "Siembra sustentable, cosecha saludable" implementado en Oaxaca de Juárez

Más de 100 jóvenes y grupos comunitarios de Santa Ana Zegache realizaron el primer Mercadito Agroecológico, donde pusieron a la venta frutas, verduras y bioinsumos que cultivaron y desarrollaron durante seis meses, como muestra de la transición de una agricultura convencional hacia la agroecología.

Santa Ana Zegache, al igual que muchas comunidades de los Valles Centrales de Oaxaca, enfrenta diversos problemas ambientales, principalmente el cambio climático y la escasez de agua. Ambos representan una amenaza directa para la seguridad alimentaria de esta y muchas otras comunidades.

Actualmente, el cambio climático está alterando los patrones climáticos, provocando sequías prolongadas y temperaturas extremas que afectan las cosechas de numerosas familias campesinas. A ello se suma la escasez de agua que enfrenta la comunidad, lo que ha ocasionado que muchas familias opten por abandonar el trabajo agrícola y dejen de transmitir estos conocimientos a las nuevas generaciones.

Como consecuencia, gran parte de los alimentos que se consumen en la comunidad provienen de localidades vecinas, donde muchas parcelas son regadas con aguas residuales y manejadas mediante el uso excesivo de agroquímicos. Esta realidad nos aleja de la posibilidad de consumir alimentos verdaderamente sanos y que, a su vez pone en riesgo la permanencia de la agricultura local, especialmente entre las nuevas generaciones. Ante este panorama surge una pregunta inevitable: Si cada vez hay menos personas cultivando alimentos libres de agroquímicos, ¿cuáles serán los alimentos del futuro?

La problemática descrita no es una situación ficticia; es una realidad que enfrentan numerosas comunidades de Oaxaca. Por ello, el CECyTE EMSaD Plantel 48 de Santa Ana Zegache, en coordinación con el Centro Demostrativo y Capacitación Agroecológica (CDCA), unieron esfuerzos para implementar el nuevo modelo educativo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para la educación media superior.

A través de la estrategia Proyecto Escolar Comunitario (PEC), se busca vincular el aprendizaje escolar con el entorno real de las y los estudiantes, transformando las escuelas en espacios abiertos donde el alumno participe activamente como agente de cambio social, ambiental y cultural en beneficio de su comunidad.

Como resultado de esta alianza nació el proyecto “Siembra sustentable, cosecha saludable”, desarrollado durante el semestre enero-junio de 2026, con la participación de toda la comunidad estudiantil del plantel, integrada por más de 100 jóvenes distribuidos en seis semestres. El proyecto se estructuró en dos ejes de trabajo completamente enfocados en la agroecología:

  • Sistemas de producción de alimentos.
  • Biofábrica de insumos orgánicos.

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Frente al desafío de la seguridad alimentaria que enfrenta la comunidad, la agroecología se presenta como una de las alternativas más viables para producir alimentos sanos y fortalecer la resiliencia del campo. A través de este proyecto, las y los jóvenes aprendieron a cultivar de manera sustentable, recuperar la fertilidad del suelo y elaborar sus propios bioinsumos, reduciendo la dependencia de fertilizantes y plaguicidas químicos.

Más allá de producir alimentos nutritivos, este modelo demuestra que es posible cultivar de forma orgánica, generar ingresos mediante la comercialización de productos agroecológicos y al mismo tiempo, formar una nueva generación de jóvenes comprometidos con el cuidado de la tierra y la soberanía alimentaria.

Jóvenes Cultivando Alimentos Sanos

Como parte del primer eje de trabajo, enfocado en los sistemas de producción de alimentos, participaron 56 estudiantes y tres docentes, quienes fueron organizados en tres equipos de trabajo para implementar diferentes modelos de producción agroecológica.

El primer grupo, integrado por 19 estudiantes de primer semestre, estuvo a cargo de la producción de jitomate en invernadero, utilizando semillas nativas. Paralelamente, las y los estudiantes trabajaron en la recuperación de la fertilidad del suelo mediante la incorporación de composta y microorganismos de montaña en estado líquido, favoreciendo el desarrollo de un suelo vivo, con mayor actividad biológica y mejores condiciones para el crecimiento radicular de los cultivos.

 

El segundo equipo, conformado por 18 estudiantes, implementó la producción de hortalizas mediante el Método Zuni, también conocido como método tipo waffle o Jardines de Gofre. Esta técnica agrícola ancestral, desarrollada por el pueblo Zuni de Nuevo México, fue diseñada para la producción de alimentos en zonas áridas. Su sistema consiste en una cuadrícula de pequeñas parcelas hundidas, rodeadas por bordes elevados de tierra que funcionan como microcuencas capaces de captar y retener el agua de lluvia o de riego, disminuyendo significativamente la evaporación y evitando la escorrentía.

Además de conservar la humedad, estos bordes generan microclimas que protegen los cultivos del viento y ayudan a regular la temperatura del suelo, permitiendo el desarrollo de especies como cilantro, acelga, espinaca, lechuga y betabel con un uso mucho más eficiente del agua. Actualmente, este sistema ha resurgido como una alternativa agroecológica altamente eficiente frente a la sequía y representa una herramienta importante para fortalecer la soberanía alimentaria de las familias.

El tercer grupo, integrado por 19 estudiantes, trabajó con el método de cajetes, una técnica agrícola originaria de los Valles Centrales de Oaxaca que aprovecha la humedad residual del suelo. Este sistema consiste en excavar pequeñas pozas circulares o cuadradas —conocidas como cajetes— donde se siembran maíces criollos, frijol, milpa u hortalizas antes del inicio de la temporada de lluvias.

Gracias a su diseño, los cajetes funcionan como embudos naturales que capturan el rocío y las escasas precipitaciones, concentrando la humedad directamente en la raíz de la planta. Al mismo tiempo, protegen los cultivos del viento y permiten que los abonos orgánicos permanezcan cerca del sistema radicular.

Su principal ventaja radica en que favorece el desarrollo de raíces fuertes y profundas incluso en condiciones de escasez de agua, convirtiéndose en una estrategia de gran valor para fortalecer la producción agrícola y la soberanía alimentaria en regiones afectadas por la sequía.

Producción de Bioinsumos para una Agricultura sin Agroquímicos

El segundo eje de trabajo estuvo enfocado en la producción de bioinsumos orgánicos como una alternativa económica, sustentable y accesible para sustituir el uso de agroquímicos convencionales.

En esta etapa participaron 55 estudiantes y tres docentes, quienes desarrollaron diferentes insumos destinados a la nutrición vegetal, la regeneración de suelos y el control natural de plagas y enfermedades, utilizando el Modelo Utopía, un sistema conformado por nueve estaciones secuenciales divididas en dos grandes áreas:

  • Nutrición y regeneración de suelos y
  • Manejo agroecológico de plagas y enfermedades

 

El primer bloque, integrado por 22 estudiantes, fue responsable de desarrollar la Estación 1, enfocada en la reproducción de microorganismos de montaña en estado sólido, así como la Estación 2, destinada a su activación en estado líquido. Estas dos estaciones representan el punto de partida para la regeneración biológica del suelo.

Durante este proceso, las y los jóvenes aprendieron a multiplicar microorganismos benéficos provenientes del bosque utilizando materiales como salvado y melaza, obteniendo un inoculante sólido capaz de conservar la diversidad microbiológica del ecosistema. Posteriormente, estos microorganismos fueron activados mediante un proceso de fermentación aeróbica en agua, dando origen a un biofertilizante líquido rico en enzimas, bacterias benéficas y compuestos bioactivos que favorecen la recuperación de la vida del suelo y fortalecen el desarrollo de los cultivos.

Fortaleciendo la fertilidad del suelo: Composta biodinámica y Estación 6

El segundo grupo, conformado por 16 estudiantes, trabajó en la elaboración de composta biodinámica y en el desarrollo de la Estación 6 del Modelo Utopía, especializado en la extracción alcalina de leonardita.

Uno de los principales aprendizajes de este bloque fue comprender que gran parte de los residuos orgánicos que combinados consideramos “basura” pueden convertirse en recursos de alto valor para la agricultura. Para ello, las y los estudiantes elaboran una composta biodinámica utilizando la hojarasca recolectada dentro del propio plantel, rica en carbono, la cual fue combinada con materiales ricos en nitrógeno para obtener un bono orgánico de alta calidad.

Durante el proceso también incorporan estiércol de diferentes especies animales, agua, melaza y microorganismos de montaña en estado líquido, aprendiendo cada una de las etapas necesarias para obtener una composta biológicamente activa capaz de mejorar la estructura, fertilidad y biodiversidad del suelo.

Como complemento, este mismo grupo desarrolló la Estación 6, dedicada a la extracción alcalina de leonardita mediante hidróxido de potasio.

El resultado es un líquido concentrado de alta densidad, rico en ácidos húmicos y fúlvicos, cuya función principal consiste en fijar los nutrientes al suelo y a las raíces, evitando su lixiviación y mejorando considerablemente la eficiencia de los fertilizantes orgánicos.

Gracias a esta tecnología, apenas 200 litros de este bioínsumo pueden ofrecer beneficios equivalentes al aporte orgánico de aproximadamente 20 toneladas de composta tradicional, reduciendo significativamente el tiempo y esfuerzo requeridos para mejorar la fertilidad del suelo.

Lombricultura y bioinsumos para el control natural de plagas.

El tercer bloque integrado por 17 estudiantes estuvo encargado de la producción de humus y lixiviado de lombriz mediante el manejo de la lombriz roja californiana (isenia foetida), una de las especies más utilizadas en procesos de lombricompostaje.

Durante este proceso, las y los jóvenes conocieron cómo los residuos orgánicos pueden transformarse en fertilizantes de alto valor agrícola. El humus de lombriz corresponde al abono sólido producido por estos organismos, caracterizado por su elevado contenido de microorganismos benéficos y su capacidad para mejorar la estructura, fertilidad y retención de humedad del suelo.

Por otra parte, el lixiviado de lombriz es un fertilizante líquido rico en nutrientes, enzimas y hormonas de crecimiento que puede aplicarse mediante fertirriego o aspersión foliar para estimular el desarrollo de los cultivos.

Además de estos fertilizantes orgánicos, el mismo grupo elaboró ​​diversos bioinsumos destinados al manejo agroecológico de plagas y enfermedades, entre ellos jabón potásico, caldo sulfopotásico y APICHI, un extracto vegetal elaborado a base de ajo, chile y pimienta que funciona como repelente e insecticida natural.

Con estas prácticas, las y los estudiantes comprobaron que es posible producir alimentos sanos mediante alternativas accesibles, económicas y respetuosas con el medio ambiente, reduciendo la dependencia de productos químicos sintéticos y fortaleciendo la transición hacia sistemas agrícolas más sustentables.

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El Mercadito Agroecológico: Cosechando los resultados del aprendizaje

Después de un semestre de formación, el martes 23 de junio de 2026 se llevó a cabo el cierre del proyecto comunitario “Siembra sustentable, cosecha saludable” en las instalaciones del CECyTE EMSaD 48 de Santa Ana Zegache.

Como parte de esta jornada se realizó el Mercadito Agroecológico, un espacio donde las y los estudiantes presentaron los resultados del trabajo desarrollado durante el semestre como resultado de las capacitaciones impartidas por el Centro Demostrativo y Capacitación Agroecológica (CDCA).

Cada uno de los equipos instaló un pequeño puesto para ofrecer al público las hortalizas y los bioinsumos orgánicos que producen a lo largo del proyecto, permitiendo que madres y padres de familia, docentes y habitantes de la comunidad conocieran el potencial de la agroecología como una alternativa real para producir alimentos sanos y de calidad.

El evento también contó con la participación de los diferentes grupos comunitarios y de las Escuelas de Campo (ECA) con las que trabaja el CDCA, quienes compartieron su experiencia y fortalecieron el intercambio de conocimientos entre estudiantes, campesinos y comunidad.

.Más que un espacio de exhibición y venta, el Mercadito Agroecológico se convirtió en una muestra de que es posible transformar la manera en que producimos nuestros alimentos. A través de este proyecto, las y los jóvenes demostraron que existen alternativas sustentables para enfrentar los desafíos que hoy vive el campo, como el cambio climático, la degradación del suelo y la escasez de agua.

Asimismo, evidenciaron que es posible producir alimentos verdaderamente sanos sin depender del uso excesivo de fertilizantes y plaguicidas químicos, recuperando prácticas agrícolas que regeneran la fertilidad del suelo, protegen la biodiversidad y fortalecen la seguridad alimentaria de nuestras comunidades.

El proyecto “Siembra sustentable, cosecha saludable” representa mucho más que un proceso de capacitación escolar. Es una apuesta por formar una nueva generación de jóvenes comprometidos con el cuidado de la tierra, la producción responsable de alimentos y la construcción de comunidades más resilientes.

Porque sembrar de manera sustentable hoy significa cosechar un mejor futuro para las próximas generaciones.

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