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Investigadores del CIIDIR visitan el grupo comunitario Flor de Amaranto en El Carmen, Santa Inés del Monte
Investigadores del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) visitan a mujeres campesinas integrantes del grupo comunitario “Flor de Amaranto” con el fin de recuperar la memoria del trabajo que han desarrollado en torno al cultivo del amaranto.
El amaranto sigue contando historias y en esta ocasión, este 14 de agosto de 2026, nos trasladamos hasta la comunidad de El Carmen, perteneciente al municipio de Santa Inés del Monte, Zaachila. Una comunidad pionera en el cultivo de amaranto, con la que el Centro de Desarrollo Comunitario Centéotl AC y el Centro Demostrativo y Capacitación Agroecológica (CDCA) han trabajado desde hace más de 30 años.
En esta visita, investigadores del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR) conocieron a siete mujeres campesinas que integran el grupo “Flor de Amaranto”, quienes fueron de las primeras campesinas en iniciar la siembra de amaranto en su comunidad para autoconsumo, principalmente como amaranto de verdura. En aquellos años, al tener lluvias más constantes, el cultivo se desarrollaba con relativa facilidad.
Durante esta visita, el objetivo de las investigadoras fue dialogar con ellas sobre la investigación que actualmente realizan para recuperar la memoria del trabajo que campesinas y campesinos han desarrollado en torno al cultivo del amaranto.
Trayectoria del grupo Flor de Amaranto
En esta ocasión, han puesto su mirada en este grupo de mujeres que desde 1996, han trabajado en el rescate de esta grandiosa semilla que, aunque por diminuta que parezca, aporta grandes beneficios a la alimentación.
Son ellas mismas quienes transitaron de la producción para el autoconsumo hacia la producción con fines comerciales, impulsando la creación de la cooperativa Amaranto de Mesoamérica para el Mundo SC de RL.
Asimismo, este mismo grupo cuenta actualmente con una reventadora industrial de amaranto, lo que les ha permitido que al pasar de los años ellas sigan cultivando esta planta y recolectando semillas de diferentes variedades de amaranto para posteriormente reventarlas y obtener cereal de amaranto.
Un cereal complemente natural que tan solo al consumir 50 gramos diariamente nos proporciona una gran cantidad de proteínas de alta calidad con todos los aminoácidos esenciales que nuestro cuerpo necesita (especialmente la lisina) así mismo como la fibra, vitaminas y minerales.
Sin embargo, esta máquina también ha fomentado diversos emprendimientos entre los integrantes del grupo. Una vez que cuentan con la semilla reventada, varias de ellas han optado por transformar el amaranto en productos tradicionales, como las alegrías oaxaqueñas de amaranto con cacahuate y las tradicionales calaveritas de amaranto, elaboradas principalmente durante las fiestas de los Fieles Difuntos y utilizadas como parte de las ofrendas en los altares.
Estas prácticas han permitido seguir fomentando y conservando las costumbres, tradiciones y gastronomía de los pueblos oaxaqueños.
Sin embargo, estos no son los únicos emprendimientos. Otros integrantes han decidido transformar el cereal en harina. Algunas han optado por comercializarla por sí sola, mientras que otras han decidido incorporarla en la elaboración de tortillas y tostadas, combinando el maíz y el amaranto.
Sin duda, Flor de Amaranto no es solo un grupo de mujeres campesinas que se reúnen para cultivar. Es un grupo de mujeres que, desde la tierra, cuidan de sus familias y comunidades; mujeres que continúan luchando para que esta planta no caiga en el olvido y que, desde diferentes caminos, fomentan el consumo del amaranto, ya sea como verdura, cereal o como ingrediente de productos que forman parte de la alimentación cotidiana de las familias.
Este es un buen momento para detenernos y reflexionar sobre el importante papel que desempeñan las campesinas y los campesinos. Son ellos quienes contribuyen a sostener la seguridad alimentaria de nuestras comunidades y quienes, desde la tierra, trabajan por el bienestar alimentario de nuestras familias.
Por ello, desde Centéotl AC y el CDCA continuamos impulsando la recuperación de prácticas agrícolas, la producción de manera orgánica y alternativas que permitan cultivar alimentos sanos sin depender de agroquímicos que solo que deterioran nuestros suelos, afectan los ecosistemas y producen alimentos llenos de agroquímicos que terminaran siendo consumidos por nuestras familias.





